Marte y la Luna: La vista que no podrá ser

lunes, 10 de agosto de 2009


Desde hace ya algunos meses, circula por el mundo paralelo de Internet una carta que da cuenta de un suceso que de ser cierto, sería por mucho el acontecimiento astronómico más impresionante que la humanidad haya podido presenciar. La fuente de la información ha sido atribuida al "Planetario Internacional de Vancouver, Canadá". Para no dejar lugar a duda, citaré textualmente la carta que triunfalmente anuncia así:

DOS LUNAS EN EL CIELO EL 27 DE AGOSTO. NO TE LO PIERDAS

Apuntalo en la Agenda, el calendario o donde sea, vale la pena.
El planetario Internacional en Vancouver de la Britis
h Columbia, Canada, han calculado la precision en la que Marte estará orbitando el (27-08-2009).
Pero lo más intersante de todo es que esto estaba predicto en un códice Maya encontrado el la piramide al lado del Observatorio Estelar en Palenque en Chiapas Mexico.
Con este cálculo matemático Maya ahora los May
as son considerados como los Griegos de América. y orgullo de México.
Por lo menos cuatro o cinco generaciones de la humanidad no volveremos a ver este fenomeno natural.
Muy poca gente lo sabe por el momento, esto fue publicado el lu
nes 11 de mayo 2009.
Haganlo circular


Dos Lunas en el Cielo!!!
El 27 de Agosto, a medianoche y 30 minutos, mirar al cielo; el planeta Marte será la estrella mas brillante en el cielo, será tan grande como la luna llena. Marte estará a 55,75 millones de kilómetros de la tierra. No te lo pierdas, será como si la tierra tuviera dos lunas.
La próxima vez que este acontecimiento se producirá, está previsto para el año 2287
Comparte esta información. Nadie que esté vivo podr
á volverlo a ver.

Comenzaré la explicación del mencionado evento celeste formulando dos preguntas sencillas: ¿Cuál de los siguientes cuerpos es más grande: el Sol o la Luna? Luego, ¿por qué el disco solar aparece en el cielo esencialmente del mismo tamaño que el lunar?

El Sol es el objeto más grande del sistema solar. La Luna es muchísimo menor. Sin embargo, ambos se perciben del mismo tamaño por la distancia a la que se encuentran del planeta Tierra. Aunque el astro Rey es el de mayor tamaño (690,000 km de diámetro), se encuentra a una distancia enorme de 150 millones de kilómetros. Por su parte, nuestro satélite natural, aunque diminuto (3475 km de diámetro), está a tan sólo 380 mil kilómetros. El cociente entre el diámetro de los objetos (dm) y la distancia a la que se encuentran de un observador (D) define lo que los astrónomos llaman "tamaño angular" y es justamente la medida en grados del tamaño de un astro en el cielo. Esta definición puede expresarse matemáticamente así:

Así pues, el tamaño de un objeto en el cielo depende de cuán grande sea y cuán lejos esté del observador. Entonces, ¿Puede Marte verse tan grande como la Luna, es decir, tener el mismo tamaño angular?

Para encontrar la respuesta es necesario tener presentes algunos datos relevantes.

Como sabemos, los planetas giran en torno al Sol describiendo órbitas elípticas, lo cual significa que su distancia al Sol no es constante. En cierto momento su separación es máxima (afelio) mientras que en otro es mínima (perihelio). La diferencia entre la separación máxima y mínima será mayor cuanto más diste la órbita de ser circular. Los astrónomos utilizan el concepto de excentricidad para expresar cuánto se asemeja la órbita a un círculo. Cuando la excentricidad es cero, se tiene una circunferencia. Valores mayores de cero pero menores que uno definen elipses.

Marte, cuyo nombre honra al dios guerrero, posee una de las óribitas de mayor excentricidad, lo cual se refleja en una variabilidad muy grande de su distancia al Sol. Va de 207 millones de kilómetros en el perihelio a 249 millones de kilómetros en el afelio. La Tierra, por su parte, tiene una excentricidad muy próxima a cero, es decir, es casi circular presentando variaciones de alrededor de 3,4 % entre afelio y perihelio. Su distancia media al Sol de 150 millones de kilómetros.

Como puede verse en la imagen adyacente, la Tierra sigue una trayectoria practicamente circular, además de que se mueve más rápido alrededor del sol que su vecino rojo. Por su parte, la órbita de Marte, debido a su gran excentricidad, garantiza posiciones de máximo y mínimo acercamiento con respecto al planeta azul.
En ciertas ocasiones, los astros se alinean de forma que el Sol, la Tierra y el planeta forman un arreglo semejante al de la figura. A este ordenamiento, que sólo ocurre con los planetas cuyas órbitas son mayores que la terrestre y la Luna, se lo conoce como oposición. Cuando la oposición ocurre cerca del perihelio (oposición perihélica), tal como se ve en el dibujo, se produce el máximo acercamiento entre la Tierra y el planeta.

La oposición perihélica entre la Tierra y Marte garantiza una separación mínima de 56 millones de kilómetros aproximadamente. Este hecho es fundamental. Puesto que las órbitas no se modifican, esta distancia jamás podrá ser reducida, a menos claro que algún evento catastrófico afectara sus trayectorias.

Marte posee un diámetro ecuatorial de 6,873 kilómetros. Dado que conocemos la distancia mínima que puede alcanzar con respecto a nuestro planeta, con la ayuda de la fórmula presentada arriba podemos determinar cuál será su tamaño aparente al alcanzar la oposición perihélica con la Tierra. Esto es:

Entonces, el tamaño del planeta rojo visto en el cielo terrestre por un aficionado a la astronomía sería de unos 25 segundos de arco (recuérdese que un grado de circunferencia o arco tiene 60 minutos y que un minuto de arco tiene 60 segundos. Así, un segundo de arco es 1/3600 de un grado de circunferencia).

¿Y qué ha sucedido con la Luna? Bueno, com
o primer paso debemos determinar su tamaño angular. Nuestro satélite natural tiene un diámetro ecuatorial de 3,475 kilómetros y se encuentra a una distancia media de la Tierra de 384,000 kilómetros. Efectuando las operaciones como en el caso marciano:


De este resultado, se concluye que el mismo astrónomo aficionado vería a la Luna con un tamaño angular de 31 minutos de arco.

Gracias a este sencillo cálculo se ha logrado estable
cer la verdad sobre el problema que nos ha ocupado. Resulta que Marte no se verá tan grande como la Luna. De hecho, en la situación descrita aparecería 75 veces más pequeño que nuestro satélite. Y no sólo eso. Puesto que la distancia de separación mínima entre ambos planetas no puede reducirse, nuestro vecino rojo jamás podrá verse tan grande como afirma la carta.

Ahora me gustaría resaltar algunos otros
hechos relevantes para que juzgue por usted mismo la veracidad de la información que se ha divulgado a través del correo electrónico:


El 2009 fue nombrado por la UNESCO como el Año Internacional de la Astronomía con la finalidad de conmemorar a un grande del pensamiento universal: Galileo Galilei. Hoy recordamos que hace 400 años Galileo utilizó el telescopio para comenzar a sondear la inmensidad del cosmos, aventurándose a recorrer con la vista los mundos inmediatos, nuestros vecinos en la familia del Sol. Pero el hecho en sí es más significativo. En un mundo donde la palabra de las autoridades religiosas era la ley, este hombre se atrevió a desafiar lo establecido, sentando las bases de una nueva era de descubrimientos donde los más importante sería verificar la información, experimentar, ponerla a prueba para nunca volver a ser presas de los pseudoargumentos de autoridad.

Hoy más que nunca es necesario rescatar el pe
nsamiento del bien llamado padre de la ciencia para hacer frente a la gran cantidad de datos falsos que surgen en la cotidianidad de la vida. No es suficiente con creer lo que los demás dicen. Es necesario comprobarlo. Sirva pues este pequeño artículo como un exhorto para cultivar el sentido crítico y con ello contribuir a disipar las tinieblas de la ignorancia que hoy nos acechan más que nunca.

Así, estimado lector, no se conforme con lo que he escrito hoy aquí. Investigue, dude de mis palabras, consulte libros, corríjame donde esté equivocado y comparta su conocimiento con el mundo.

Apéndice: Deducción de la fórmula
para calcular el tamaño aparente de un cuerpo astronómico.

La figura contigua muestra un corte bidim
ensional donde se han representado dos mundos hipotéticos. Ambos están colocados de una forma tal que un observador en el punto A los percibiría del mismo tamaño en el cielo, es decir, con tamaños angulares equivalentes. El problema por resolver es encontrar el valor del ángulo θ, el cual es la mitad del tamaño angular, en función del conocimiento del diámetro de los mundos y la distancia hasta ellos. Los puntos A, B y E son los vértices de un triángulo rectángulo que es semejante al formado por los puntos A, C y D.

D
1 representa la distancia entre A y B, es decir, las distancia hasta el primer orbe. D2 , por su parte, es la distancia hasta el segundo. R1 y R2 son los radios de cada mundo. Por trigonometría elemental, el ángulo buscado puede obtenerse a partir de la función seno dividiendo el radio del mundo entre la distancia hasta él. Debido a que las distancias R1 y R2 son enormes, los ángulos resultantes serán muy pequeños por lo que es posible aproximar este resultado estableciendo que θ es aproximadamente igual a R1/D1. Apelando a la semejanza de los triángulos, este ángulo también es equivalente a R2/D2.



En general:

para ángulos pequeños:
entonces:

El tamaño angular (Ta) será en general el doble del valor del ángulo encontrado:

y puesto que el diámetro (dm) es dos veces el radio:

es decir, el cociente entre el diámetro del planeta y la distancia hasta él.

Viento

sábado, 1 de agosto de 2009


Sopla fuerte. Poderoso como el Sol que te da vida, recorres la inmensidad del planeta. Aire en movimiento. Fluido vital que anima casi a la totalidad de los seres vivos. De movimiento perpetuo, no coces las fronteras. Unes los continentes; acaricias la vastedad de los mares. Tu humor es cambiante. A veces tranquilo, suave como una caricia recorres el rostro; otras, manifiestas tempestades con violencia sin igual.

Das forma a la Tierra. Creas las olas, erosionas las montañas. Artífice de la impermanencia de los paisajes. Unes a ricos y probres. No distingues raza, sexo o especie. Te entregas por igual a todo aquel dispuesto a entrañarte en un suspiro.

Sigue fluyendo. Eleva la esperanza al cielo como papalotes cargados de sueños felices. Disipa las tinieblas. Da paso a la luz. Revela el esplendor del cielo azul para que siempre el amor surja en los corazones de los hombres.



Lunokhod: La misión olvidada a la Luna

miércoles, 22 de julio de 2009




A la par que el proyecto norteamericano Apollo, científicos rusos diseñaron y construyeron los robots de exploración extraterrestre más sofisticados de aquel entonces. Apodados Lunokhod, tenían como misión recorrer la luna, tomar muestras de su superficie y acopiar otros datos de interés astronómico y científico. Se diseñaron tres modelos secuenciales muy parecidos entre sí de los cuales sólo los dos primeros entraron en servicio.

La operación y control de los Lunokhod estaba a cargo de un equipo de cinco personas; comandante de la misión, encargado de la navegación, ingeniero de vuelo, operador de la antena de comunicaciones y conductor. Este último manejaba al vehículo automatizado por medio de una palanca de mando fijando su curso al mismo tiempo que observaba el camino lunar por recorrer en monitores de televisión, los cuales reproducían las imágenes provenientes de dos cámaras de televisión especialmente diseñadas situadas al frente del explorador. Las instrucciones se transmitían por radio desde el centro de control terrestre. Debido a que las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz y dada la separación entre nuestro planeta y su satélite natural, las señales tardaban aproximadamente 1.25 segundos en viajar a la luna y otro tanto equivalente en regresar. Tal retraso en las comunicaciones hacía que el manejo de los vehículos fuera complicado y que debieran superarse gran cantidad de desafíos técnicos. Para comprender mejor esta dificultad, imagine un automóvil modificado de tal manera que al mover el volante a la izquierda o la derecha, o bien al aplicar el freno, éste respondiese 2.5 segundos después de dada la instrucción. Ahora piense en las consecuencias de ir manejando un coche de este estilo y de pronto percatarse de un obstáculo en plena carretera. Una de las soluciones que los diseñadores encontraron al mencionado problema fue dotar al Lunokhod con una incipiente inteligencia artificial, la cual le permitía decidir, con independencia del operador humano, si una depresión o elevación del terreno representaba un obstáculo peligroso, en cuyo caso detenía su avance y esperaba instrucciones.

El Lunokhod 2, aunque casi idéntico al Lunokhod 1, fue el más sofisticado de la serie que rodó sobre el satélite natural. Tenía 1.35 metros de altura, 1.70 metros de largo y 1.60 metros de ancho, con una masa de 840 Kg. Su sistema motriz consistía en ocho ruedas independientes, cada una con su propio motor y freno, dispuestas en línea y en grupos de cuatro a los costados del vehículo, además de una novena ubicada en su parte posterior destinada a medir algunas propiedades mecánicas del suelo. Según conviniese, podía marchar con dos velocidades diferentes: 1 ó 2 kilómetros por hora. Para virar a la izquierda o a la derecha se hacían girar los grupos de ruedas a distintas velocidades de forma similar a como lo hace un vehículo con orugas. Su sistema de suspensión le permitía escalar obstáculos de hasta 40 centímetros de alto y sortear hoyos de hasta 60 centímetros de diámetro. En caso de un atasco, el robot tenía la capacidad de desprender la rueda atrapada o dañada por medio de la detonación de una pequeña carga explosiva. Así, lograba continuar su avance pudiendo funcionar con un mínimo de cuatro ruedas.

El vehículo era alimentado por un sistema de baterías eléctricas, las cuales se recargaban gracias a la luz solar que incidía sobre un panel solar. Sin embargo, este método de recarga traía consigo el pequeño inconveniente de que la noche lunar dura 14 días terrestres. Los científicos debieron entonces experimentar con el concepto de hibernación, el cual consistía en que al aproximarse la puesta del sol, se ordenaba al vehículo llevar su metabolismo robótico al mínimo, de la misma manera como la haría un oso en invierno. El sueño transcurría en una posición tal que al día siguiente, los primeros rayos de sol de la mañana lunar bañaban la superficie colectora del panel solar, el cual los seguía como un girasol en un intervalo de 0 a 180 grados a fin de optimizar el aprovechamiento de la energía. Así comenzaba un nuevo día para el Lunokhod. Durante la fría noche lunar, un calentador nuclear basado en el radioisótopo Polonio 210 mantenía tibio el compartimiento de instrumentos.

Estaba equipado con diversos instrumentos científicos, comenzando por un conjunto de cámaras fotográficas y de video, las cuales le permitían transmitir imágenes de alta resolución. Por otro lado, llevaba consigo un astrofotómetro, el cual medía la cantidad de luz visible y la incidencia de luz ultravioleta sobre la superficie de nuestro satélite; un magnetómetro para medir los campos magnéticos del pequeño mundo; un detector de radiación; aparatos de rayos X para analizar el sol; un fotodetector para experimentos con rayos láser así como un reflector para medir la distancia exacta entre la Tierra y la Luna.

El explorador Lunokhod 1 llegó a la luna abordo de la sonda Luna 17 el 10 de noviembre de 1970. Permaneció activo durante 322 días terrestres. Recorrió 10.5 kilómetros a razón de 32.6 metros por día debido a la cantidad de experimentos que iba realizando. Por su parte, el Lunokhod 2 alunizó junto con la sonda Luna 21 el 16 de enero de 1973. Recorrió 37 kilómetros en un lapso de 139 días terrestres. En conjunto, ambos exploradores tomaron varios cientos de imágenes panorámicas, más de 100,000 fotografías así como gran cantidad de información, que aunada a las muestras de suelo lunar que la sonda Luna 16 trajo a la Tierra de forma completamente automática, completan el cúmulo de datos científicos recabados por esta misión.



Para efectos de comparación y comprender el verdadero legado de los Lunokhod resulta conveniente tener presente que la misión más larga de la serie norteamericana, el Apollo 17, permaneció apenas 3 días terrestres en suelo lunar. Durante ellos, los astronautas recorrieron 35 kilómetros realizando sólo algunas de las mediciones que llevaron acabo las sondas soviéticas, a un costo "infinitamente" superior y sin el nivel de detalle de estas últimas. Su tarea primordial fue la recolección de piedras, hecho que comúnmente se ha presentado como una de las grandes aportaciones del Apollo. No obstante, debe decirse que desde el punto de vista del análisis químico del suelo, bastaba con algunos gramos del mismo. En cierto sentido, tal recolección se trató más de la adquisición de un trofeo exhibible que de un estudio científico serio de la geología lunar. Mucho de este material terminó por ser donado a museos alrededor del mundo.

Desde el punto de vista de la exploración planetaria, las misiones Apollo aportaron relativamente pocos datos de la geofísica de nuestro satélite natural. Este hecho se debió fundamentalmente a que se trató de una misión tripulada, donde además se jugaba el prestigio nacional. Por ello, la prioridad de los ingenieros y científicos fue, ante todo, mantener la vida de los astronautas. Siendo innegable su aportación al desarrollo tecnológico, el gran legado del Apollo radica fundamentalmente en haber colocado a un ser humano en la superficie de otro mundo y haber satisfecho el impulso humano de conquistar nuevos territorios.

Deslindando el impulso natural y romántico de nuestra especia por aventurarse en viajes de exploración, la investigación espacial resulta más efectiva, segura y barata si es llevada a cabo por sondas espaciales automatizadas. Los Lunokhod, verdaderas obras maestras de la ingeniería, nos han mostrado ya el camino para explorar otros mundos. Sólo resta seguirlo.




Mínima historia verdadera de la conquista de la Luna

lunes, 20 de julio de 2009


19 de julio de 1969. Neil Armstrong, un ser humano sin duda, pero estadounidense ante todo, pisó por primera vez la superficie lunar. Cuatro décadas más tarde aún se conmemora esta gran hazaña del ingenio humano mostrando prácticamente el mismo enfoque propagandístico que reinaba en los años de la guerra fría. Producto de la confrontación entre dos superpotencias, el logro del proyecto Apollo ha sido llevado a niveles desproporcionados. Engrandecido hasta sus últimas consecuencias procurando dejar de lado cualquier mérito atribuible a otras naciones. Las sabias palabras pronunciadas por Armstrong quedaron en el terreno del idealismo. El mensaje oculto en cada aniversario, guste o no, es el siguiente: la llagada del hombre a nuestro satélite natural es una proeza del talento estadounidense. Continúa la necesidad imperiosa de dejar clara la supremacía tecnológica de esta nación así como de adueñarse de uno de los momentos más apasionantes en la historia de la exploración espacial en el cual la humanidad comenzó a surcar las orillas de la inmensidad cósmica.

Es justo hacer uso del sentido crítico para reivindicar la memoria de aquellos hombres cuya aportación al éxito del Apollo quedan sistemáticamente en el olvido gracias a los intereses del imperio norteamericano. En particular, la ridiculización y minimización de la aportación de la ciencia espacial soviética deben quedar atrás y darles su justo lugar en los anales de la exploración del sistema solar.

Cada logro de la humanidad es consecuencia de una serie de eslabon
es que van enlazándose con la voluntad de los hombres de diferentes épocas y naciones comprometidos con hacer realidad sus sueños y materializar sus aspiraciones de conocimiento. El camino a la luna comenzó a construirse desde que el primer ser humano soñó con viajar hasta ella. Aunque nunca se sabrá con certeza quién fue el primero, la historia más antigua conocida que relata un viaje como el conmemorado data del 160 de la era común y se atribuye al satírico griego Luciano de Samosata. A partir de él, cada descubrimiento en la naciente ciencia se convirtió en un eslabón más de la cadena que definió esta gran hazaña. Personajes memorables como Galileo Galilei, Johanes Kepler, Isaac Newton, James Clerk Maxwell, Konstantin Tsiolkovsky, Robert H. Goddard, Wernher Von Braun, Sergei Pavlovich Korolev, por citar algunos de los incontables personajes que contribuyeron a la construcción de la ciencia y la técnica, han sido los gigantes detrás los logros de la era espacial.

Antes de soñar con acariciar la arena lunar era necesario responder un conjunto amplísimo de preguntas. ¿Cómo vencer la fuerza de atracción gravitatoria del planeta Tierra? ¿Cómo llevar a un objeto hasta la órbita terrestre? ¿Podría el ser humano sobrevivir a la ingravidez? ¿Qué tan hostil sería el ambiente extraterrestre? ¿Cómo sería la superficie lunar? ¿Podría resistir el peso de un vehículo interplanetario o éste se hundiría?

Muchas de estas interrogantes encontraron su respuesta durante el desarrollo del programa espacial soviético, mostrando así el camino por seguir a los técnicos espaciales estadounidenses. Reflexiónese en los siguientes casos representativos, hitos de la conquista del espacio, aportes contundentes de la ciencia espacial soviética y antecedentes fundamentales para el programa Apollo, los cuales suelen ser pasados por alto cada vez que se trata sobre el viaje a la Luna:

  • 4 de octubre de 1957. Puesta en órbita del primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik I. Demostró que era posible construir un cohete con la capacidad para alcanzar la órbita terrestre y colocar ahí un satélite artificial. Fue el inicio de la exploración espacial. Aportó los primeros datos directos sobre la naturaleza física del espacio extraterrestre.
  • 3 de noviembre de 1957. Puesta en órbita del Sputnik II, cuyo tripulante fue la heroica perrita Laica, el primer ser vivo en el espacio. Se demostró que la tecnología era capaz de sustentar la vida en la hostilidadd el medio extraterrestre y se abrió la puerta para que los humanos lo visitaran.
  • 14 de septiembre de 1959. La sonda espacial Luna 2 alcanzó la Luna impactando su superficie. La misión permitió perfeccionar las técnicas para abandonar la órbita terrestre y emprender un viaje interplanetario. Se demostró que era posible alcanzar nuestro satélite natural.
  • 4 de octubre de 1959. La sonda espacial Luna 3 fotografió por vez primera la superficie del lado oculto de la Luna. Comenzó así la cartografía de mundos extraterrestres. Esta información fue vital para futuros alunizajes.
  • 12 de abril de 1961. La nave espacial Vostok 1 colocó al primer ser humano en el espacio, Yuri A. Gagarin. Dio una vuelta completa a la Tierra. Se confirmó que el ser humano puede vivir y trabajar en el espacio al menos por períodos cortos.
  • 1 de noviembre de 1962. La Unión Soviética lanzó la sonda espacial Suptnik 23 con destino a Marte.
  • 12 de octubre de 1964. La nave cósmica Voskhod orbitó la Tierra llevando por vez primera a una tripulación de tres hombres. El hecho es relevante pues para viajar a la Luna se requeriría de un equipo de al menos dos personas. La tripulación del Apollo constaría de 3 personas.
  • 18 de marzo de 1965. Korolev, jefe del programa espacial soviético, dijo: "Así como un marinero debe saber nadar en el mar que navega, un cosmonauta debe saber hacerlo en el océano del espacio que surca". Aleksei Leonov realizó la primera caminata espacial de la historia. Se probó que con la ayuda de una escafandra el ser humano puede abandonar la seguridad de la nave espacial y "caminar" por el espacio. El ejercicio fue fundamental para el desarrollo de futuros trajes espaciales, incluidos los que se usarían más tarde para el alunizaje.
  • 3 de febrero de 1966. La sonda espacial Luna 9 se convirtió en el primer objeto hecho por el hombre en posarse suavemente sobre de otro mundo. Envió las primeras fotos del paisaje lunar. EL vehículo demostró que era posible alunizar con seguridad. Los estadounidenses igualarían la hazaña el 30 de mayo de este mismo año.
  • 31 de marzo de 1966. La sonda Luna 10 se convirtió en el primer satélite artificial de la Luna. Sirvió como preparación para ensayar las maniobras para colocar sondas alrededor de otros mundos.
En los años comprendidos entre 1967 y 1970 se realizaron numerosas misiones de investigación en las que sondas automáticas realizaron alunizajes exitosos enviando a la Tierra diversos datos de interés astronómico. Se destacan también las pruebas en órbita terrestre del módulo lunar LK, diseñado para llevar a dos personas a la superficie de nuestro satélite natural.

Paralelamente a las misiones Apollo, la Unión Soviética desarrolló un programa de exploración de la Luna en la cual los protagonistas serían robots. Estas misiones obtuvieron los mismos datos que los símiles tripulados estadounidenses a un mínima fracción del costo de estas últimos.

  • 12 de septiembre de 1970. La sonda Luna 16 realizó un alunizaje exitoso. Tomó muestras de la superficie lunar y las envió de vuelta a la Tierra de forma totalmente automática. Las muestras se recuperaron exitosamente.
  • 10 de noviembre de 1970. Alunizaje de la sonda Luna 17. En su interior viajaba el vehículo automatizado de exploración lunar Lunokhod 1, el cual permaneció activo durante 322 días terrestres envinado gran cantidad de datos científicos. Recorrió 10.2 kilómetros de superficie lunar.
  • 16 de enero de 1973. Alunizaje exitoso de la sonda Luna 21. Llevaba en su interior al robot de exploración lunar Lunokhod 2, el cual permaneció activo durante 122 días terrestres enviando gran cantidad de datos científicos. Recorrió 37 kilómetros de superficie lunar.

No cabe duda que la historia siempre es escrita por el vencedor. Aunque los estadounidenses colocaron a un hombre en la Luna primero que los soviéticos, lo cierto es que lo lograron por un margen sumamente estrecho. La Unión Soviética siempre estuvo a la par que su contraparte occidental y ante el menor descuido de sus rivales, pudo haber vencido en este pequeño episodio de la carrera espacial. Al momento del alunizaje del Apollo 11, los soviéticos contaban con el módulo lunar LK en condiciones perfectamente funcionales, así como las escafandras lunares Krechet-94 y una tripulación entrenada y lista para alunizar. La muerte repentina de Korolev y los problemas políticos derivados, determinaron que el cohete N1 no estuviera listo a tiempo. Este hecho sería el equivalente a que los Estados Unidos, quienes no pudieron desarrollar su propio cohete, hubieran perdido al alemán Wernher Von Braun, diseñador del cohete que llevó al Apollo, en el fulgor de la batalla. En todos los sentidos, los norteamericanos corrieron con mucha suerte.

El programa espacial soviético generó conocimiento científico valiosísimo y desarrolló técnicas para llevar a cabo una verdadera exploración planetaria de manera más eficiente y económica. Sirva pue
s este pequeño artículo de inspiración para conocer más sobre el interesantísimo programa espacial ruso y su gran legado soviético.

Ciudadanos del imperio norteamericano, el formidable logro de caminar sobre la Luna no es sólo suyo, si no de la humanidad en el más amplio sentido de la expresión.

La otra cara de la epidemia

lunes, 25 de mayo de 2009



Comencé a escribir este artículo durante los días de cuarentena que se vivieron en la ciudad de México en el mes de abril de 2009. Pare ese momento, mis pensamientos eran así:

Resulta imposible ignorar la crisis de salud que enfrenta nuestra país con la denominada “gripa porcina”; el riesgo de contagios masivos así como su posible diseminación a otros países ha llevado al mundo a alarmarse con lo que pareciera una inminente pandemia.

En México, por un momento, la vida dejó de ser común. Especialmente en el capital, el miedo puede palparse al caminar por las calles. Restaurantes, teatros, cines y demás recintos públicos permanecen cerrados; algunas calles antes inundadas por transeúntes lucen vacías; las escuelas no tienen alumnos y aunque sin duda hay quienes disfrutan de las vacaciones obligatorias, la mayoría de las personas son víctimas de la psicosis y el temor generalizado.


Es evidente que este nuevo germen ha resaltado una vez más nuestra vulnerabilidad como seres humanos. Somos frágiles y nada garantiza nuestra supervivencia. Hoy más que nunca nos sentimos amenazados por uno de los entes biológicos más pequeños y exitosos que la evolución ha puesto en el planeta: un virus, millones de veces más pequeño que un ser humano, ha puesto en jaque el orden social y la economía de un país entero y sin duda, podría hacerlo con el resto de los países del planeta. Nos sentimos víctimas. Indefensos y temerosos. Sin embargo, bien vale la pena preguntarse si nuestra irresponsabilidad con el planeta no ha sido la causante de la enfermedad que aqueja a una parte de nuestra especie.


Reflexionemos.

Ha sabiendas que aún son insuficientes los estudios sobre este patógeno, la influenza porcina es muy probablemente producida por un virus cuyos elementos genéticos son una mezcla de ave, puerco y humano. Si pensamos en la selección natural de la que nos habló Darwin, podremos preguntarnos entonces ¿qué factores llevaron a un virus a adoptar tal configuración?

Aunque es necesaria la comprobación científica, no es ocioso ni descabellado tener presente que estas especies han convivido gracias a la acción del hombre y que en su mayoría son víctimas del abuso y la crueldad de la crianza moderna de aves y puercos. A manera de premisas básicas, tengamos presente que crecen en condiciones de hacinamiento, lo cual conlleva insalubridad. Se les alimenta artificialmente haciendo que alcancen sus tamaños máximos en tiempos brevísimos para después ser sacrificados, y además, se han convertido en la base de la alimentación humana bajo condiciones a todas luces antinaturales. Si bien es verdad que los virus y otros patógenos pueden surgir por gran variedad de causas como lo han hecho en el pasado, también es cierto que la conducta humana ha tenido un impacto innegable en su desarrollo y evolución. A esto, habrá que añadir los efectos del cambio climático y el calentamiento global, los cuales, a medida que se incrementen, darán lugar a nuevas y devastadoras enfermedades.

Así pues, desde este punto de vista, la sensación de víctimas que pudimos haber experimentado sin duda empieza a perder fuerza. En gran medida, somos responsables de lo que hoy sucede.

Pasemos a reflexionar sobre otro aspecto interesante de la epidemia actual.


¿Por qué en México han muerto tantas personas por un virus que no es necesariamente mortal? ¿Por qué en otros países como Estados Unidos y Canadá, los enfermos se han recuperado y no se han reportado decesos? He aquí algunas posibles respuestas:

  • La idiosincrasia del mexicano. En uno de sus aspectos, se caracteriza por una burla constante a las enfermedades y a la muerte. Por tal razón, un connacional enfermo no buscará atención médica hasta que las consecuencias devastadoras sobre su organismo sean evidentes y por tanto innegables. Esto se resume como falta de atención médica oportuna o negligencia del paciente.

  • La ineficiencia de los sistemas de salud públicos. En consecuencia, no es posible atender correctamente las complicaciones derivadas de la gripa, tales como la neumonía. Posiblemente se cuente con personal incompetente, lo cual agravaría la situación.

  • La desnutrición. La mayor parte de los mexicanos tienen malos hábitos alimenticios, lo cual ha llevado a la población a presentar debilidad en sus sistemas inmunológicos asociada a la falta de nutrientes.

  • La pobreza. Debido a las carencias asociadas a la falta de recursos económicos, muchos mexicanos están más expuestos a contraer la enfermedad. La desinformación, falta de agua y dinero para pagar los medicamentos pueden conducir a complicaciones médicas y finalmente la muerte.

  • El virus es altamente selectivo. Por razones desconocidas, ataca a las personas con genotipo similar o igual al del mexicano. Otras razas de seres humanos son, por lo tanto, más resistentes o inmunes a él.

  • En mayor o menor medida, todas las anteriores.


Es seguro que dentro de algún tiempo no muy largo, los miedos de hoy relativos a esta enfermedad pasarán al olvido. La vida volverá a la normalidad y recobraremos nuestra tranquilidad ingenua ante la agonía de nuestro planeta. Sin embargo, es fundamental para nuestra supervivencia como especie el hacernos conscientes de las implicaciones verdaderas. El hecho de que ante un virus no mortal muchos mexicanos hayan perdido la vida es inaceptable. Debemos revisar la política de salud pública y exigir al gobierno un cambio rápido y efectivo. Es indispensable impulsar la ciencia nacional pues ante una verdadera catástrofe sanitaria global, si no somos capaces de producir medicamentos con rapidez en nuestro país, las muertes serán por millones. Pero quizá sea más importante hacer conciencia de que las acciones humanas son y serán las responsables directas de los futuros desastres “naturales”. Debemos pues actuar ya. Promover el desarrollo del campo y los productos vegetarianos. Reducir la contaminación, promover un mejor trato y calidad de vida para los animales de granja, mejorar las condiciones económicas de la sociedad y hacer del conocimiento un lugar común para todos los mexicanos, son algunos de los puntos con los que podríamos empezar. Recordemos que el futuro depende de nosotros, hoy.



La motivación y el mundo material

sábado, 25 de octubre de 2008


Quisiera abir este blog con una reflexión que surgió en un viaje reciente. Permítaseme contar lo sucedido.

Por motivos académicos viajé a la ciudad de Zacatecas para exponer un trabajo, cuya temática no es importante mencionar, en el Congreso Nacional de Física. Cierto día se me encomendó cuidar por un momento el módulo de información del Instituto de Astronomía de la UNAM, el cual tenía por objetivo brindar información a todos los interesados en cursar estudios de posgrado en esta área del conocimiento. Fue así como me encontré sentado esperando por algún transeúnte con dudas por resolver. El tiempo pasaba y nadie se mostraba interesado en las ofertas del instituto.

Una pequeña mesa me separaba del pasillo por donde circulaban los congresistas. En ésta se habían puesto algunos obsequios como plumas, libretas de notas y calcomanías, pero debido al papeleo habían quedado ocultas por los folletos informativos que también fungían como regalos potenciales. Me percaté de lo sucedido y los descubrí con prontitud. Para mi asombro, casi instantáneamente el número de interesados con innumerables preguntas sobre el posgrado aumentó dramáticamente. Se acercaron a la mesa y las formularon; todos, sin excepción, tomaron apresurados al menos uno de los presentes. Quedé sorprendido e inevitablemente me asaltaron las dudas sobre sus verdaderas intenciones. Por sensatez, me formulé algunas preguntas antes de formarme una idea equivocada del suceso. ¿Realmente eran auténticas sus preguntas o habían sido sólo una forma disfrazada para hacerse con un objeto más?

Antes de intentar contestarme, recordé otra experiencia semejante. En esa ocasión viajaba en el transporte público, cuando el camión se detuvo debido al tráfico abrumador de un día por la mañana en el Distrito Federal. Al mirar por la ventana para hacer más llevadera la espera, observé cómo empleados de alguna compañía de productos que no pude reconocer, y cuyo nombre según recuerdo no era visible por ningún lado, se instalaron de pronto en la vía pública y comenzaron a repartirlos. La gente, frenética, corrió entonces con la firme determinación de alcanzar alguno. Al parecer, todos ellos olvidaron si llevaban prisa o cuál era su destino. Lo único importante parecía ser echarse a la bolsa ese atarctivo artículo. Estoy seguro de al principio nadie sabía qué se regalaba, pero por supuesto, eso no importaba.

¿A qué se debe tal reacción? Me parece que se trata de un fenómeno multicausal. En primer lugar, es cierto que las condiciones económicas de la sociedad mexicana cada día van de mal en peor, lo cual repercute directamente en la capacidad adquisitiva de las personas. Es así como cualquier regalo de la índole que sea se vuelve un manjar irrestible. No obstante, bien vale la pena preguntarse si no estará más asociado con una sobrevaloración de lo material y del subsecuente sentimiento de posesión que genera.

Una de las consecuencias del modelo económico capitalista es que provoca en las personas una necesidad insaciable de poseer. En este modelo, no importan las necesidades del espíritu ni del intelecto humano. Sólo se es alguien si se está en capacidad de consumir y de poseer. Pensemos en lo siguiente sin caer en el extremo del hambre o la necesidad económica extrema: una presona con principios firmes y una filosofía de la vida más allá de las tendencias consumistas del momento, ¿se habría avalanzado en pos del presente misterioso?

Volviendo al caso vivido durante el congreso de física, la respuesta a lo acontecido se hizo obvia para mí. El pequeño obsequio fue la motivación. ¿Por qué? Probablemente hay muchas respuestas. Tal vez el tener una pieza con el nombre inscrito del Instituto de Astronomía los hacía sentir de alguna manera especiales; pudo ser, simplemente, que una pluma o una libretita fueran artículos necesarios para su trabajo y por lo tanto muy atractivos, sobre todo si los obtenían gratuitamente. En cualquier caso, lo verdaderamente cierto es que a muy pocos les interesó la información que difundíamos aquella tarde.

La respuesta generalizada a este tipo de estímulos seguramente tiene su orígen en los medios masivos de comunicación, especialmente en la televisión, pues en ellos se convence a la gente, no con argumentos, sino con productos atractivos y aparentemente útiles, para tomar una cierta decisión. Hemos crecido en este este entorno por lo que detectar nuestro grado de condicionamiento no es sencillo.

Tristemente, en la sociedad actual, se ha vuelto más importante adquirir algo a toda costa, que pensar, razonar y reflexionar. El libre acceso al conocimiento y a la información han sido relegados a segundo plano. Es por ello que se requerirá de un gran esfuerzo para lograr la liberación de tal opresión, pero es posible. Así pues, la elección del camino a seguir es de cada individuo. Será útil tener en mente que la verdadera libertad está en la capacidad de pensar por uno mismo, sin límite.

Introducción



Estimado lector: en las siguientes páginas me he propuesto compartir contigo algunas de mis reflexiones sobre temas cotidianos. Inquietudes, pensamientos y viviencias serán los protagonistas de los relatos por venir. Así pues, espero que sean de tu agrado y que logren despertar la curiosidad y la motivación por conocer más sobre la naturaleza del ser humano y su mundo; pero sobre todo, que te hagan pasar un momento ameno, en un espacio íntimo destinado a pensar.